Curiosamente esta semana tras volver a clase entre el ajetreo del trabajo antes de las prácticas y las charlas con amigos ha salido un par de veces el tema de los zapatos.Sin duda, son un accesorio indispensable, ya que pueden cambiar radicalmente la forma en que estés vestido. Son capaces de hacerte sentir más seguro, cómodo, fuera de lugar, más o menos atractivo/a. Pueden ser muchos y pasajeros, o , pocos y estables ( o muchos y estables para los/as más afortunados/as). En muchos sentidos se asemejan al resto de elementos que configuran nuestra vida y nuestra forma de lidiar con ellos, como el amor, la amistad, etc.
Hay quien tiene un millón de zapatos, que aunque nunca usa no podría vivir con el pensamiento de no tenerlos en su zapatera; ya sea por una razón u otra, siempre tenemos algo en casa que nos parece maravilloso y que nos reservamos para nosotros mismos porque sabemos que es diferente. Lo cierto es que no nos gusta llamar la atención, y ser uno mismo abiertamente es algo que escandaliza más de lo que creemos.
Además de las funciones básicas que se le atribuye a un zapato, tienen la cualidad de mostrar a los demás la forma en la que caminamos por el mundo, ya sea sobre un tacón o una ancha y cómoda lona... El caso es que al mirar a los pies de alguién por la calle somos capaces de dilucidar sus gustos, su forma de vida, poder adquisitivo, clase social, nacionalidad, y el tipo de persona que es o que quiere llegar a ser. En definitiva, nos hace poder ver las huellas del camino que hace al andar...
¿Y tú, qué zapatos llevas?



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